Raquel V.

Diciembre de 2010. Mi primer NIP. Hacía apenas 2 meses que había comenzado con Psicoterapia de Bonding después de 20 años de Psicoanálisis y me dijeron "vas a NIP". Caótica y doliente como estaba, armé mi valija y me fui rumbo a lo desconocido. Sólo sentía una gran desesperación y soledad. Quería sanar. Fue un fin de semana difícil, intenso y con mucha gente. Volví y seguí en un camino impresionante, imposible de describir. Gritar, mover, abrazar y compartir con otros mi rabia, mi dolor, mi miedo, mi placer y mi amor durante varios años. Hermanarme en la emoción cada miércoles con un grupo humano que buscaba como yo volver al corazón y salir de la mente. Cada semana hacer además mi trabajo individual con un Psicólogo que me miraba a los ojos, lloraba conmigo y abrazaba mi falta, que me pedía ir más profundo de lo que yo llamé mi infierno, porque gritando salía y él no me iba a soltar. Y cada tanto volver a hacer mi valija y viajar a un NIP. Es cierto lo que siempre escuchaba: sólo experimentarlo es tomar contacto con esta terapia. Conocí gente maravillosa, que hoy sigo abrazando. Y lo más importante: me encontré a mí misma. A mi niña y a esta mujer en quien me transformé, y las aprendí a aceptar y a cuidar a ambas. En diciembre del 2014 me dieron el alta. "Ya es hora de que vivas sin terapia" me dijeron. Y lejos de soltarme: confiaron, me abrazaron y volé. Entre ese momento y este día ocurrieron muchas cosas buenas, diferentes, especiales. No fue magia. Las hice posibles abriendo mi corazón. Vuelvo a veces, cada vez que necesito mi lugar para ajustar lo que sola no puedo. Siento que estaré eternamente agradecida a todos con quienes grité y me miraron a los ojos; en quienes confié, me abrazaron con amor y me ayudaron a sentir que nunca más es sola, que me quedo acá, que yo merezco, que todo está bien, que yo valgo así como SOY, que mi amor es bueno. Ya nada me falta, ni tengo que seguir buscando. Vivo en la emoción. Cuando siento no me equivoco. Dentro mío está el grito para parirme, nutrirme, acunar mis sueños y sanar mis heridas. Como dice Ramón: "no hay nada que esperar vieja, es ahora, dejate de joder y gritá!"


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